Quien no sueña de noche
no conoce el portento
que entraña en su sombra
el arcano pensamiento.
Despoblados sus días
de las quimeras ausentes,
cree que es verdad lo que ve
y todo aquello que siente.
Y, ¿no sospecha, acaso,
que vive un sueño despierto?
Su mente cierra despacio,
cuan sus ojos ha abierto.
No soñéis más; oh, tú, mi
bella dama indolente,
¡que es la noche la tumba
y tus sueños la muerte!
No hay comentarios:
Publicar un comentario